¿Qué hay realmente en la deep web o “internet profunda”?

Chloe Ayling, modelo británica de 20 años, fue secuestrada en Milán. La noticia copó portadas en los medios de comunicación del mundo; no tanto por el rapto, sino por el motivo: la mujer iba a ser subastada, como esclava sexual, en el mercado negro de la “internet profunda” o deep web.

Ayling pasó seis días recluida en una comuna rural de Turín (Italia). Reconoció haber seducido a un captor para ganarse su confianza y escapar. Los delincuentes la tasaron en 300 mil dólares (193 millones de pesos). Por esa suma, algún pervertido habría comprado a la modelo. En un giro inesperado, los delincuentes la liberaron. Los criminales, de la organización Grupo de la muerte negra, poseen una cláusula en su “código de ética” delincuencial: no negocian con mujeres que tengan hijos. Chloe Ayling, afortunadamente, es madre de un bebé de dos años.

Así de dantesco y kafkiano se desarrolló la trama, que algunos no han tardado en calificar de farsa. Tanto la modelo, como su representante, han salido al paso a tales comentarios, que califican de “ofensivos” e “insensibles”. Sea cual fuera la verdad, lo cierto es que el tráfico humano y otros delitos ocurren en este mismo instante, mientras usted lee estas líneas, amparados en el manto encubridor de la “internet profunda”.

¿Qué son las redes oscuras, la internet profunda? ¿Cómo acceder? ¿Qué esconde la telaraña de algoritmos, permisos de pase, direcciones ocultas? ¿Sólo estafa, delincuencia y criminalidad? ¿A dónde lleva ese túnel digital?
La internet profunda es un término acuñado en 2001 por el informático Mike Bergman. Alude al contenido web que no está indexado a los motores de búsquedas de internet, por lo cual son “casi” invisibles para los cibernautas. Para acceder a ellos, entre otros requerimientos, se necesita conocer la dirección exacta del sitio de interés.

Bases de datos científicas, empresariales, académicas; redes internas de instituciones, cuyo soporte es la World Wide Web; mercados negros; foros de debate político, social; redes sociales alternativas; servicios de correo electrónico. Todo un mundo digital subyace en esta telaraña de acceso limitado. Incluso, según algunos estudios, la internet profunda supera ampliamente en contenido a la “internet superficial”, en la que habitualmente navegan los usuarios.

Según diversas fuentes, en 2010 se estimó la información existente en la internet profunda: 7 mil 500 terabytes. La “superficial”, para esa misma fecha, se calculaba en 19 terabytes. Una diferencia superior a 450 veces a favor del terreno pantanoso de las redes “invisibles”.

Otro concepto relacionado, que suele confundirse, es el de “internet oscuro” (darknet, en inglés). La terminología surgió en 2002, en un artículo científico firmado por cuatro investigadores de Microsoft.

La Darknet es un conjunto de redes, cuya finalidad es compartir contenido digital (audios, videos, software, etc.), con la premisa del anonimato entre los sujetos que interactúan. Comprende una pequeña parte de la internet profunda, y es donde habitualmente se comenten las actividades criminales.

El concepto de “red oscura”, desde el propio vocablo, evoca una sensación amenazante. En numerosas ocasiones el temor resulta fundado. El encubrimiento de identidad posibilita conductas transgresoras sin recibir castigo. Los criminales se valen de ese recurso para evadir la ley, aunque las autoridades invierten cada vez más dinero en desenmascararlos.

En 2013 el FBI desmanteló Silk Road, el primer gran mercado negro online que operaba en la internet oscura. La investigación concluyó que más del 70% de los productos en venta eran drogas (desde cannabis, LSD y cocaína, hasta heroína y anfetaminas). También encontraron productos como identificaciones falsas, juguetes sexuales y armas de fuego.

Las armas de fuego, cuya posesión es ilegal en varios países, resulta uno de los productos más cotizados. Reportes de prensa afirman que en la red se encuentran pistolas a un precio de 600 euros (455 mil pesos chilenos), y munición a partir de 40 euros (30 mil pesos). Tristemente célebre resultó el caso de Ali Sonboly, en 2016.

Este sujeto perpetró un atentado terrorista en Munich, Alemania, en julio de 2016. Nueve personas murieron baleadas y 27 resultaron heridas en un centro comercial de la ciudad bávara, donde ocurrieron los hechos. Sonboly, de 18 años, adquirió la Glock 17 de 9 mm, el arma homicida, en un mercado online de la internet oscura.

Otro nido de violencia en estos predios, identificado por las autoridades europeas, es el del grupo C´thulhu, autorreconocido como “organización criminal, formada por soldados y mercenarios con más de 5 años de experiencia”. El “servicio” que ofrecen es el de homicidios a sueldo.

Según reportes de prensa, las tarifas por trabajo oscilan desde los 45 mil dólares (29 millones de pesos), si es un individuo común, a 180 mil dólares (116 millones) si la víctima es una persona pública. Pero si se solicita que la muerte parezca un accidente, los costos se incrementan hasta los 75 mil (48 millones) y 300 mil dólares (193 millones) respectivamente.
Aunque las propuestas resultan perturbadoras, no resultaría raro que se tratara de una estafa. La periodista australiana Eileen Orsmy, autora del blog All Things Vice (especializado en temas de la darknet), explicó en una entrevista que muchos sicarios se anuncian “prolíficamente, pero todos y cada uno son un fraude. Te quitarán el dinero, pero no matarán por ti”.

Los sitios de pornografía infantil, fuertemente penados por la ley internacional, encuentran su agosto bajo este manto encubridor. Algunas de estas páginas reciben cerca de 500 visitas por segundo, reveló una investigación periodística de la BBC de Londres.

 

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