Facebook y países europeos toman medidas ante las “noticias falsas” que dañan la democracia

En 2009 se propuso usar corbata. Al año siguiente, aprender chino mandarín. En 2011 dijo que solo comería carne de animales que hubiese matado, y en 2013 se obligó a conocer a una persona distinta los 365 días del año. Mark Zuckerberg es un hombre de resoluciones firmes, y para este 2018 ya planteó su reto personal: “arreglar” Facebook, la red social que fundó en 2004 y que hoy, con más de 2.000 millones de usuarios activos -casi un tercio de la población mundial-, se ha convertido en mucho más que una plataforma digital para compartir fotos familiares o de las vacaciones, para posicionarse como una formidable maquinaria de influencia global, cuya relación con la democracia podría etiquetarse, usando su propia jerga, como ” Es complicado “.

“El mundo se siente ansioso y dividido, y Facebook tiene un montón de trabajo que hacer, ya sea para proteger a nuestra comunidad del abuso y el odio, defenderla contra la interferencia de otros países o asegurar que el tiempo que pasen aquí sea bien gastado”, reconoció el joven magnate, haciéndose cargo, al fin, de la crisis de identidad de la compañía -lo más parecido a la adolescencia- luego que Rusia utilizara el sitio como un “arma” para su campaña de desinformación en las últimas elecciones presidenciales en EE.UU.

Al imponerse esta misión, Zuckerberg atiende también un clamor generalizado de líderes mundiales, desde el Presidente francés Emmanuel Macron hasta la Canciller alemana Angela Merkel, que han advertido sobre los peligros del fenómeno de las ” fake news ” y están promoviendo medidas a nivel local para enfrentar el problema. La mayoría de ellas apuntan a la responsabilidad de medios sociales como Facebook, el tercer sitio web con más tráfico del mundo, detrás de Google y YouTube, pero que se estima es el principal ventilador de informaciones perniciosas.

Mea culpa

El primer paso de esta terapia de introspección de Facebook fue aceptar el problema. Zuckerberg ya se disculpó luego que en 2016 calificara como “una idea muy loca” que esta red social haya influenciado el proceso electoral en el que Donald Trump resultó ganador. Quizás con la vista en futuras regulaciones, la compañía también colabora activamente con las investigaciones en el Congreso, reconociendo que actores rusos lograron permear la plataforma con unas 80.000 publicaciones que alcanzaron a 126 millones de usuarios. Pero esta semana, Facebook fue más allá, al iniciar un debate en el que admitió por primera vez que este medio social sí puede tener “efectos corrosivos” que “dañan” el funcionamiento de una democracia.

“Cuando los medios sociales jugaron un rol crítico en la Primavera Árabe en 2009 fueron anunciados como una tecnología de liberación. Un montón ha cambiado desde entonces. Las elecciones de 2016 en EE.UU. llevaron a primer plano los riesgos de la intervención extranjera, las ” fake news” y la polarización política. Nunca había sido tan crucial examinar el efecto de los medios sociales en la política”, escribió este lunes Samidh Chakrabarti, gerente de compromiso cívico de Facebook, quien recalcó cómo la compañía fue “demasiado lenta” en detener a los “malos actores que abusaron” de la plataforma.

“Las redes sociales amplifican la intención humana, para bien o para mal. En su mejor faceta, les permite expresarse y tomar acción. En la peor, les permite extender la desinformación y corroer la democracia. Me gustaría garantizar que lo positivo está destinado a imponerse a lo negativo, pero no puedo”, añadió.

Algoritmo de la verdad

La promesa de Zuckerberg y de Chakrabarti es que ahora están trabajando para “neutralizar los riesgos” que amenazan a los regímenes democráticos y, en definitiva, desintoxicar Facebook de trolls , bulos y conspiraciones virales. Pero cómo hacerlo y no dañar el negocio -la compañía reportó ganancias de US$ 11.600 millones en los primeros nueve meses de 2017, un 75% más que el año anterior-, todavía no es claro y podría entrar en conflicto con su propia hoja de ruta.

“El problema de la posición de Facebook es que el algoritmo actual busca maximizar la atención, y la mejor forma de hacerlo es hacer que la gente esté furiosa y temerosa”, confidenció a The Washington Post Roger McNamee, un ex mentor de Zuckerberg.

José Marichal, autor de “Facebook Democracy: The Architecture of Disclosure and the Threat to Public Life”, consideró que “es loable que Facebook se comprometa en un proceso de autorreflexión” sobre su rol en las “noticias falsas” y la democracia, pero no todo es tan simple. “Zuckerberg suena sincero en sus esfuerzos para enfrentar el problema. Pero en el fondo también hay una preocupación financiera de que la publicidad negativa en lo relativo al rol de las ” fake news ” va a motivar a las personas a usar menos el sitio”, dijo a “El Mercurio”.

Zuckerberg demostró que su propósito 2018 iba en serio cuando hace dos semanas anunció que Facebook cambiaría su algoritmo ultrasecreto para que el News Feed -el cuerpo central del sitio- priorice ahora las publicaciones de amigos antes que las noticias y contenido de medios externos. La idea, explicó, es que los usuarios tengan “interacciones sociales más significativas”. Algo así como la promesa de volver al Facebook de antes .

El anuncio fue recibido con escepticismo por los inversionistas, tal como lo demostró su caída en la bolsa. Pero lo resintieron sobre todo los medios de comunicación externos que basan su modelo de negocio en los accesos a través de Facebook, que se consolida como el principal portal global de noticias: 67% de los estadounidenses, por ejemplo, dice informarse a través de redes sociales, según una encuesta de Pew, y 45% lo hace a través de Facebook. La nueva fórmula se probó primero en seis países pequeños -Sri Lanka, Guatemala, Bolivia, Myanmar, Serbia y Eslovaquia-, donde muchos medios acusaron que había sido “catastrófico” y que habían perdido hasta el 66% de su tráfico.

En un sistema de prueba y error, además, la compañía sigue probando fórmulas para denunciar las “noticias falsas”. En diciembre anunció que dejaría de usar unos “indicadores” que intentaban identificar de manera automática las “noticias falsas”, y que comenzaría a introducir verificadores de datos externos -una parte de las 10.000 personas adicionales que se contratarán este año para seguridad- e incluirá artículos relacionados para ayudar a los usuarios a disponer de contexto sobre una información cuestionable. Zuckerberg también dijo esta semana que se buscará medir la confianza de los medios de comunicación externos, tarea que en vez de hacerla Facebook -que ya ha tenido problemas con medios conservadores que le han acusado un sesgo- la harán los propios usuarios, lo que influirá en su protagonismo en el News Feed.

La otra gran tarea es la transparencia en la política. Chakrabarti dijo que la compañía exigirá a los partidos y organizaciones políticas que paguen avisos que confirmen su identidad “y los usuarios sepan exactamente quién pagó por ellos”. “Pero incluso con todas estas precauciones, la batalla nunca terminará. Las campañas de desinformación no son operaciones amateur , se han profesionalizado”, advirtió.

Acciones nacionales

La urgencia de Facebook no solo tiene que ver con qué quiere ser, sino también con la enorme presión local e internacional. Esta semana, incluso, el Papa Francisco alertó acerca de la “eterna tentación” de las “noticias falsas”: “Ninguna desinformación es inocua”, recalcó el Pontífice. El Papa criticó las ” fake news” por “propagar la arrogancia y el odio”.

Y algunos países ya planean tomar sus propias acciones. El gobierno de Gran Bretaña -que investiga la interferencia rusa en el referéndum del Brexit- informó esta semana que creará una “unidad de comunicaciones para la seguridad nacional”, que se dedicará a luchar contra las informaciones engañosas promovidas “por agentes estatales y otros”. En Francia, Emmanuel Macron también dijo este mes que creará un “dispositivo jurídico” para “proteger de las noticias falsas a la vida democrática”; aunque no dio detalles, afirmó que se exigirá “transparencia sobre los contenidos patrocinados”, en línea con lo que propone Facebook.

Pero las dificultades son grandes. La alemana Angela Merkel, por ejemplo, no ha logrado despachar un proyecto de ley que obliga a las redes sociales -que se arriesgan a multas de hasta 50 millones de euros- a borrar en 24 horas contenidos que incurran en delitos de injurias, amenazas, incitación a delitos o a la violencia, delitos de odio y pornografía infantil, debido a que la oposición considera que atenta contra la libertad de expresión.

Según Marichal, la mayor dificultad es que muchos de estos proyectos para frenar la propagación de ” fake news ” no solo chocan con la naturaleza del negocio de las redes sociales, sino también la humana. “Facebook ha sido exitoso porque monetiza la necesidad humana de conectarse”, señaló. “Soy optimista, pero la prioridad de Facebook es mantener a los usuarios enganchados con su producto. Y eliminar las ” fake news ” no eliminará el impulso de la gente a usar la información para conectar con aquellos con los que coinciden”.

Incluso para Zuckerberg, cambiar esto podría ser mucho más difícil que aprender chino.

 

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