octubre 23, 2019

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“No tenemos por qué ser expertos en migración. Sobre todo en Chile, que no era un país receptor”

  • Víctor Flores, encargado de la OIM en Antofagasta, explica que para evitar los espacios de vulnerabilidad en la población migrante hace falta cohesionar la información disponible y así potenciar las políticas públicas desde un foco regional.

Desde el 2010 la Región de Antofagasta ha sido parte del nuevo flujo migratorio, realidad que se acentúo durante los últimos cinco años.

Según cifras que nos entrega Víctor Flores, encargado de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en Antofagasta, la zona albergaría a 88 mil personas migrantes de acuerdo a las últimas estimaciones del Ministerio del Interior hasta diciembre del 2018.

Datos que sirven para caracterizar a la población migrante, pero que en palabras de Víctor, faltaría consolidar y articular junto a la demás información disponible, para la generación de políticas públicas regionales.

¿Qué acción debe abordarse con urgencia?

Lo más importante es poder producir primero información local, tenemos los datos del Censo (2017), pero esos datos están desactualizados, particularmente porque a partir de ese año se empieza a incrementar el flujo de venezolanos.

Hay información, el Censo a nivel nacional, la Casen con una aproximación de carácter regional, y estas estimaciones que ha hecho el Ministerio del Interior con el INE (Instituto Nacional de Estadísticas).

Pero no necesariamente esa información está consolidada, articulada, de manera que te permita hacer una caracterización más específica de la población migrante en la Región de Antofagasta, que no es la misma de otras regiones.

¿Cómo influye esto en la instauración de políticas públicas?

Cuando en tan poco tiempo cambian las características poblacionales, no es infrecuente que se produzca un desajuste en las políticas públicas que se están ejecutando frente a esta transformación.

Por ejemplo, en esta zona según la estimación del INE, hay más mujeres migrantes en proporción a todos los residentes migrantes del país.

Lo que te quiero decir con esto, es que es información que se obtiene sólo al indagar un poco más en lo que está disponible, pero hay muchos otros datos en la región que nos permitirían caracterizar de mejor manera. Y así poder determinar donde hay mayores situaciones de vulnerabilidad para poner el foco en las políticas públicas.

Y en cuanto al desarrollo productivo de la región. ¿Qué falencias ves en la información?

Desde el punto de vista del mercado laboral, sabemos que las personas migrantes están principalmente en el sector de comercio y servicio, pero teniendo mayor información nos permitiría monitorear, si efectivamente están demasiado concentrados, y si hay mucha mano de obra disponible para otros sectores.

Es frecuente, no sólo en Chile si no que en la migración en general, que las personas incurran en algo que se llama subempleo por competencia, o sea que entren a trabajar en algo para lo que están sobrecalificadas.

Conozco el caso de un chico venezolano que trabajó todo un año haciendo empanadas chilenas, las aprendió a hacer, le quedaron gustando, pero él es contador y tenía su propia empresa de contabilidad con su hermano abogado en Venezuela.

¿Quién pierde ahí? No sólo él, sino que también la economía local, porque tenemos un capital humano, una persona, que está siendo subutilizada. Desde sus competencias, podría ser una contribución más incidente en el mercado laboral y por ende en el desarrollo regional.

Hace poco firmaron un acuerdo de cooperación con el Gobierno Regional, ¿En qué línea va esto?

Dentro de los desafíos que tenemos como organismo internacional está fortalecer las capacidades de los actores públicos, ya que no tenemos por qué ser expertos en migración. Sobre todo en Chile, que no era un país receptor.

Entonces, necesitamos capacitarnos para comprender de mejor manera el proceso migratorio y su carácter multidimensional. Contar con estas herramientas nos va a permitir disminuir la percepción de desplazamiento, para que las personas sientan que el proceso de inclusión es equitativo.

Uno de los aspectos centrales que hemos conversado con las diferentes autoridades, es que estos procesos de capacitación, en la medida que los implementemos, vayan cubriendo los distintos niveles de funcionarios y autoridades, de manera que queden instalados.

 

 

 

 

 

 

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